Algunos de los directivos más importantes aplican valores taurinos en sus empresas.

A Juan Belmonte la barba le crecía más en los días en que toreaba. Era el miedo, que se le escapaba por donde podía. Después llegaba a la plaza y lo ahuyentaba -nunca del todo- con una mezcla heterogénea de valentía, aplomo, responsabilidad, ambición, oficio y vergüenza torera. Son valores que han inspirado e inspiran el quehacer diario de quienes aman la tauromaquia, pero no sólo de ellos. Pep Guardiola, que no es precisamente asiduo a los tendidos, recomendaba fervientemente a los futbolistas del Barça leer la biografía de Belmonte que escribió Manuel Chaves Nogales, por la oceánica enseñanza vital que contiene.

La torería también ha invadido, de forma casi subrepticia, el ruedo empresarial. Son legión los empresarios que han encontrado en la tauromaquia una fuente de inspiración para su modelo de gestión y, sobre todo, a la hora de enfrentarse a grandes decisiones o a situaciones difíciles, imprevisibles, inesperadas. Cuando el proyecto se la juega a vida o muerte, sale el torero que el empresario lleva dentro. Ernest Hemingway definió la valentía como “gracia bajo presión”.

Por eso, cada vez más directivos apuestan por las actividades taurinas como método de aprendizaje para sus empleados, sobre todo para impulsar el liderazgo, la resolución de problemas fortuitos, la gestión del miedo, el afán de superación personal y para hacer equipo (team building). Y también, claro, como actividad de ocio.

El diestro Eduardo Dávila Miura es quien ha liderado este movimiento de taurinización empresarial. Desde que se retiró de los ruedos, en 2006, imparte charlas a directivos de grandes empresas como Santander, BBVA, Deloitte, Nestlé, Osborne, Ontier, Tetra Pak y un largo etcétera. A través de su experiencia personal, les enseña a no sucumbir ante esa presión de la que hablaba Hemingway.

“Hay algo que nos une a los toreros y a los empresarios: la presión por conseguir el éxito. El margen de error es cada vez más pequeño y hay que asumirlo. Eso nos tiene que servir para ser cada vez mejores profesionales y no atenazarnos”, explica Dávila, que mañana vuelve puntualmente a los ruedos para una machada: estoqueará en Las Ventas los astados de la ganadería de su familia, Miura. En la plaza más importante del mundo, frente a los toros más legendarios de la Historia. Se dice pronto. “Aunque el miedo y la presión no se puedan evitar, ni en la plaza ni en la empresa, hay que pensar que sólo se vive una vez y hay que intentar hacer cosas importantes, retarnos cada día”, argumenta el matador. “Sentir miedo e incertidumbre es lo más normal del mundo. ¡Yo lo estoy sintiendo ahora!”, añade.

Decía Ignacio Sánchez Mejías -torero y promotor de la Generación del 27, entre otras muchas cosas- que “el mundo entero es una enorme plaza de toros donde el que no torea, embiste”. El toro es el peligro, la adversidad. Lo impredecible que puede derribarnos. La tauromaquia enseña que rendirse no es una opción. La vergüenza torera lo impide. Entonces, ¿cómo se espanta la sensación de estar a punto de fracasar? “Hay que tener la conciencia tranquila. Cuando estás ilusionado con lo que haces y has dado todos los pasos preparativos que tenías que dar, tu conciencia está tranquila. Luego las cosas saldrán o no, pero estando preparado es más fácil que salgan bien”, recalca Dávila, que dirige la empresa Bull Team, especializada en el natural coaching y en el team building .

“Hay que creer mucho en el día a día. Existen días que son clave, claro, pero para llegar como hay que llegar a ellos, todos los días hay que tomárselos con una importancia vital”. Ésa es la fórmula taurina del éxito, exportable a la microeconomía. “Para tener aplomo en las citas importantes, hay que darlo todo siempre”, enfatiza Dávila. Es una verdad que comparten los boinas negras de la Brigada Paracaidista: “Cuanto más sudor en tiempo de paz, menos sangre en tiempo de guerra”.

La aplicación empresarial de la actitud inasequible al desaliento del torero tiene múltiples ramificaciones. Por ejemplo, en el liderazgo: “Para ejercerlo hay que creérselo y hay que asumirlo. Hay que comprometerse a carta cabal”. Para explicarlo, pone Dávila un ejemplo gráfico: “Una cosa es torear y otra muy distinta pegar pases”. Pues bien: una cosa es ser directivo y otra muy distinta, dirigir.

Casi todos los empresarios consultados comparten una visión similar: lo que más quieren aprender de los toreros es la toma de decisiones bajo presión. “El empresario siempre se queda solo a la hora de tomar decisiones, aunque en el mundo del toro hay menos margen de error”, apunta Antonio Catalán, presidente del grupo hotelero AC Hotels by Marriott y orgulloso padre del novillero Toñete. “Hay momentos en los que estás tremendamente solo y tienes que asumir que la responsabilidad es sólo tuya. La enseñanza del torero sirve para eso”, ataja Dávila.

No sólo en España saltan al ruedo los empresarios. Dávila Miura ha dado conferencias a empresarios estadounidenses, portugueses, franceses, latinoamericanos y suizos. También se los ha llevado al campo, a aprender a torear. De Suiza vinieron a verle los directivos mundiales de Nespresso, que eligieron “este arte único” del toreo para “el entrenamiento de los líderes séniors”, por varios motivos. Querían aprender a lidiar “con un oponente o competidor que te supera en tamaño y poder, convirtiendo sus fuerzas en debilidades”. Pretendían, también, saber cómo “situarse voluntariamente en un riesgo calculado para obtener resultados superiores a lo normal, una cualidad que sólo muestran el verdadero torero y el emprendedor”. Así lo reiteraron los responsables de la empresa en una carta de agradecimiento por todo lo aprendido.

Es una visión que comparten los directivos españoles. “Hay valores como la valentía que son muy específicos del mundo del toro, y de los que aprendemos para aplicarlos en nuestras profesiones”, reconoce José Moya, presidente de Persán. También la resiliencia, como apunta Sergio Elizalde, director general de Hero. No en vano, una de las enseñanzas más provechosas de cuantas ofrece el sector taurino es la de “crecerse en el castigo”. Es lo que hace el toro bravo en los momentos difíciles. Lo escribió Miguel Hernández: “Como el toro me crezco en el castigo”.

La experiencia tensa del torero en las corridas le lleva siempre a delegar. “Hay que identificar a quien lo hace mejor que tú, sin divismo, y darle relevancia. Hay que reconocer las flaquezas propias y dar importancia a los subordinados”, apunta Dávila Miura. “Eso se ve más claro en el ruedo que en la empresa”, incide. Por eso Elizalde apunta que “el empresario, cuanto más torero, mejor”.

¿Es recíproco el trasvase de conocimiento? “Totalmente”, reconoce Dávila. “He aprendido mucho de los empresarios”. Por ejemplo, una vez se reunió con un directivo del BBVA que le dijo: “El banco va bien, pero hay un mensaje que tiene que quedar claro: cuando las cosas van bien es por algo, y ése es el camino a repetir. Si las vuelves a hacer igual, volverán a salir bien”. Esta visión impactó a Dávila. “Me levanté de esa reunión convencido de volver a torear”.

Mañana lo hará frente a los toros de Miura. Arropado, pero solo.

Antonio Catalán | Presidente del grupo hotelero AC Hotels by Marriott

“Soy aficionado a los toros porque mi hijo ‘Toñete’ es novillero”, explica Antonio Catalán, que ve “cantidad de similitudes” entre torero y empresario. “Los dos nos quedamos solos a la hora de tomar decisiones, pero ante el toro son milimétricas”. “Educacionalmente, es un privilegio ser capaz de superar el miedo y tomar decisiones sobre la marcha, sin equivocarte, como hacen los toreros”, agrega.

José Moya | Presidente de Persán y propietario de la ganadería ‘El Parralejo’.

El presidente de Persán ve tres grandes similitudes entre toros y empresa. La primera, “el espíritu de superación”, que “conlleva autoexigencia, perseverancia, voluntad, cultura del esfuerzo…”. La segunda, la competitividad: “Ya no basta con ser bueno, tienes que ser mejor que el contrario”. En tercero, el control del riesgo. “Si te excedes, te llevas la cornada [económica]”.

Mario Sandoval | Chef del restaurante Coque, con dos estrellas Michelin

“La tauromaquia es un estilo de vida”, opina el chef Mario Sandoval (restaurante Coque, dos estrellas Michelin). “El que está arriba en la alta cocina es como el que está arriba en el escalafón, con la salvedad de que en el toreo te juegas la vida”, opina. ¿Cuál es el nexo común? “Que todos los números uno están obsesionados con lo suyo, y se esfuerzan tanto que acaban triunfando”, remata.

Alejandro Cabal | Director general de Tetra Pak Iberia

“A través de la experiencia del torero Eduardo Dávila Miura, hemos conseguido extraer enseñanzas para aplicar en el día a día de nuestra empresa”, asegura Alejandro Cabal director general de Tetra Pak Iberia. Hay, en su opinión, “un paralelismo entre la tauromaquia, la forma de vida de un torero y el día a día de una empresa”, a través de tres valores: “esfuerzo, pasión y compromiso”.

Enrique Cerezo | Pte. del Atlético de Madrid y de Enrique Cerezo Producciones Cinematográficas

“Un empresario tiene que ser valiente, rápido, ágil de mente, como un torero”, opina el empresario. Una de las actitudes de los toreros que más le inspiran es la de “dar la cara siempre” y “competir a carta cabal”, tanto en el cine como en el fútbol, sus dos sectores, aunque “el empresario del cine es el que se parece más al torero. O quedas bien con la película o el público te da la espalda”.

Rafael García Garrido | Director general de Nautalia Viajes y gestor de la plaza de Las Ventas

“La tauromaquia aporta mucho al empresario”, opina Rafael García Garrido. “El torero nos enseña, sobre todo, la vergüenza torera. No te puedes esconder; el buen directivo nunca lo hace”. Además, ve una analogía clara: “Cuando el torero empieza la faena, está acompañado de su equipo, pero en el momento de la decisión final, está solo ante el peligro. Al empresario le ocurre igual”.

Sergio Elizalde | Director general del Grupo Hero para el Sur de Europa

“Creo el que el concepto taurino más aplicable a la empresa es el de la adaptabilidad: convertir las circunstancias adversas en favorables a ti”, argumenta Sergio Elizalde. “Los buenos toreros les sacan partido a los toros regulares”, opina. Elizalde no comparte el tipo de liderazgo de “micromanagement” de los matadores, sino que prefiere “inspirar” a los trabajadores.

Hilario Alfaro | Presidente de Madrid Foro Empresarial y propietario de las tiendas Alfaro1926

“Los empresarios toreamos todos los días”, resume Hilario Alfaro. “Sabemos cómo empieza el día, pero no cómo acaba; siempre hay que lidiar con inconvenientes e imprevistos”. En esos momentos, sale la torería que lleva dentro: “Hay que anticiparse y ver por donde puede ir mejor el mercado”, o sea, dar pases de prueba hasta que llegue “el momento de coger el toro por los cuernos”.

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